Violencia contra las mujeres indígenas, una epidemia multifacética

                                                                                                                                                         María Suárez Toro, Escribana

A pesar de no existir estadísticas nacionales en casi ningún país del mundo, los pocos que las tienen muestran una realidad alarmante.

• En Estados Unidos, por ejemplo, las mujeres indígenas tienen unas probabilidades al menos 2,5 veces superiores de ser violadas o agredidas sexualmente que las mujeres de Estados Unidos en general (Amnistía Internacional, 2012.)

• En Canadá, la probabilidad de las mujeres indígenas de morir como resultado de la violencia, es cinco veces mayor que la de otras mujeres de la misma edad. (ONU Mujeres, 2012)

• En Mesoamérica, a pesar de no existir estadísticas nacionales, las denuncias de las mujeres indígenas y sus organizaciones en todos los países y en los foros internacionales ha puesto en evidencia que las estadísticas podrían ser parecidas.

“Pero esa violencia tiene muchas caras”, señalaron en una sola voz las representantes de organizaciones e iniciativas de mujeres indígenas del mundo en el Foro de la Organización de Naciones Unidas (ONU) sobre Cuestiones Indígenas realizado en la sede de la ONU en Nueva York entre el 18 -20 de mayo, 2012. Combatir la violencia contra las mujeres y las niñas indígenas está consignado como acción en el Artículo 22 de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas (2006).

 

 

 

 

 

Lucia Cobo                                        FotoMADRE                                                                               Marta Ruiz


“El problema multifacético que sobrepasa los derechos humanos individuales y parte de la falta de reconocimiento de los derechos colectivos”, afirmó la miskita nigaraguense, Mirna Cunningham, ex presidenta del Foro Permanente de la ONU para los Asuntos Indígenas. “Si estos últimos no son respetados, entonces aumentan las vulnerabilidades de las mujeres indígenas”, aseguró.

Las mujeres indígenas se resisten a abordar la violencia contra las mujeres como una cuestión de género aisladamente de las otras violencias, interpelando a la sociedad en general a verla en sus inteseccionalidades, no solo identitarias, sino estructurales también. Entre los aspectos estructurales de la cuestión, Cunningham identificó a la militarización, la contaminación ecológica y el impacto de la industria extractiva como causas que incrementan la violencia contra las mujeres indígenas. Sostuvieron que las mujeres indígenas sufren de violencia en sus hogares a manos de los miembros de sus comunidades, padeciendo esos otros abusos también.

Las mujeres indígenas de los siete países de la región mesoamericana han reconocido casos de violencia contra niñas y jóvenes indígenas en sus comunidades, tales como violaciones, incesto, abuso sexual y matrimonios precoces, incluyendo además el trabajo infantil, el trabajo en condiciones de servidumbre, la trata de mujeres jóvenes para la prostitución y el servicio doméstico en sus paises. Pero han destacado también la violencia en situaciones de conflicto armado y militarización, tomas de sus tierras y de otros recursos en sus territorios.

A nombre del Foro Internacional de Mujeres Indígenas (FIMI), la maya guatemalteca Otilia Lux de Cotí, explicó que la violencia contra las mujeres indígenas y sus pueblos está íntimamente relacionada con la ‘doctrina del descubrimiento’.

La doctrina del descubrimiento del Siglo XV- vigente en Europa desde la conquista de las Américas y otros mundos – otorgaba el derecho a asumir al descubridor la soberanía sobre lo descubierto. En el continente americano significó el derecho a apropiarse de la tierra descubierta y todos sus recursos y a gobernar a quienes las habitaban, es decir, a los mismos indígenas no convertidos (sin alma, se decir menos que humanos, categoría en la que entraban todas las mujeres de acuerdo a la doctrina de la Iglesia con la que venía la conquista).

Lux de Cotí explicó en el Foro que el colonialismo y el militarismo fueron los cimientos ideológicos que sustentaron la violencia “por medio del terror, el miedo, el sometimiento, la tortura, las violaciones sexuales, trabajos forzados, los castigos ejemplares, la reducción al orden, el despojo de nuestras tierras y, en su máxima expresión, el dominio y la explotación generando el racismo, el patriarcado y el feudalismo.”

Lux añadió que esas bases se han reproducido en distinta forma en los tiempos actuales “donde son las niñas y las mujeres indígenas las que han sido condenadas a sufrir todo tipo de violencia, acentuada en las últimas décadas “cuyos crímenes no han sido castigados, como los genocidios, los etnocidios, feticidios y femicidios.”

Mujeres indígenas de otras latitudes, por ejemplo, Joan Carlinga, Secretaria General de la Alianza de Pueblos Indígenas de Asia, explicó que ellas sufren discriminación y violencia no sólo como mujeres, sino como mujeres indígenas y explicaron cómo su identidad indígena interactúa con la naturaleza de los abusos contra los derechos humanos que enfrentan como mujeres. Por ello reconocieron que el reforzamiento de los derechos colectivos de los pueblos indígenas es un ingrediente para enfrentar la violencia contra las mujeres indígenas, así como el fortalecimiento de sus propias instituciones para armonizar la justicia tradicional de esas comunidades con los principios internacionales de derechos humanos.

Como resultado, el Foro Permanente para Cuestiones Indígenas de la ONU lanzó un mensaje de alerta a la comunidad internacional para que se intensifiquen los esfuerzos para acabar con la “epidemia global” que constituye la violencia contra mujeres y niñas indígenas en todo el mundo.

FIMI propuso establecer una Relatoría especial sobre Mujeres Indígenas, que pueda “desarrollar acciones conducentes a poner de manifiesto las particularidades de la problemática de las mujeres indígenas dentro del ámbito de género.”

Los gobiernos y agencias de la ONU solicitaron el levantamiento de estadísticas separadas para poder diferenciar entre la violencia general contra las mujeres y la específica que experimentan las indígenas. María Eugenia Choque, del pueblo aymara de Bolivia, facilitadora en el II Encuentro de Expertas Latinoamericanas sobre violencia contra mujeres indígenas organizado por el Foro Internacional de Mujeres Indígenas (FIMI) realizado un año antes en México en preparación para el Foro de la ONU, explicó en aquella ocasión que “el abordaje particular de la violencia contra las mujeres indígenas debe ser más allá de la perspectiva de género, se necesita tomar en cuenta los aspectos de la cultura y la identidad” poniendo énfasis en el territorio, en los conocimientos tradicionales, en la participación y en las propias experiencias de la mujeres indígenas.”

Como antecedente y telón de fondo de las estrategias de las propias mujeres indígenas y sus organizaciones para colocar los temas de la violencia en la agenda, estuvieron los acuerdos y declaraciones de los movimientos de mujeres indígenas en los eventos autónomos de la región. Las mujeres indígenas que participaron en el 12 Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe en Bogotá, Colombia entre el 23 – 26 de noviembre del 2011 elaboraron una Declaración de Mujeres indígenas en la que reconocen que “los movimientos de mujeres indígenas y feministas han significado bastiones primordiales para la lucha contra todo tipo de violencia hacia las mujeres del Abya Yala y del Caribe” y que el Enlace Continental de Mujeres indígenas ha colocado, como parte de su agenda prioritaria, la erradicación de las múltiples expresiones de la violencia de género, étnica, clasista y racista sin embargo a pesar de todo lo que se ha hecho y logrado en cuanto a plataformas, declaraciones, convenciones y mecanismos contra la violencia hacia las mujeres a nivel de la ONU y OEA, se asiste a un incremento de la cifras de violencia contra las mujeres en la región Latinoamericana y del Caribe y la presencia de la impunidad total.

Instaron al movimiento feminista, a seguir fortaleciendo alianzas y diálogos con las mujeres indígenas frente a la violencia hacia las mujeres, la violencia institucional de Estado, la militarización de las regiones y territorios indígenas y la destrucción acelerada de la Pacha Mama como resultado del sistema económico actual que impera en la región.

Por ello se acogieron a la necesidad de la realización del balance en los movimientos de mujeres indígenas y feministas a fin de desnudar los cambios generados en cuanto a la violencia social y sexual contra las mujeres y la forma en que los Estados han implementado políticas públicas con el objeto de minimizar estas problemáticas y se comprometen, entre otras medidas, y a continuar potenciando los liderazgos de mujeres indígenas para eliminar las brechas de desigualdades económicas, sociales, culturales, civiles y políticos, para la efectiva participación en la construcción de una nueva sociedad incluyente y seguir apoyando el desarrollo de estrategias de prevención y erradicación de la violencia contra las mujeres indígenas con enfoque intercultural, diseñadas e impulsadas por las propias comunidades y organizaciones de mujeres indígenas y considerando una conceptualización indígena sobre la violencia de género, basado en nuestra identidad y cosmovisión indígena. (fin)

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