Somos gaviotas en este paso por la vida por María Suárez Toro

11 de febrero, 2012, Vega Baja, Puerto Rico

Hoy terminamos de escribir el libro sobre mi padre, Gumersindo Suárez González (1919-2010). El libro – de 200 páginas y unas 50 fotografías – es una producción colectiva del clan Suárez Toro, compilada por mí y un nieto suyo, Daniel.

En el texto, tanto mami, sus hijas e hijos, nietos y Papi mismo en sus libretas donde nos dejó sus escritos, quedan plasmadas algunas huellas de su legado.

La producción es, como dice su nieto en la Introducción, un reguerete de palabras de memorias, duelos y recuerdos. Anoche, antes de dárselo a leer a todos, le pedí a Papi una señal de que es un libro que él le hubiese gustado leer sobre su vida. Y esta mañana amaneció la piedra de enfrente de la casa – El Corcovado – colmado de cientos de gaviotas que se posaron allí para dejármelo saber.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una cosa que digo en el libro, explica la doble relevancia de eso que ocurrió hoy cuando terminamos el libro.

“Cuando salió del hospital en noviembre del mismo año en que murió, yo estaba tan nerviosa de la responsabilidad para con su salud y su vida, que le pedí al universo que me diera una señal de que todo iba a estar bien. Desde su cama, papi la vió primero. “¡Ven y mira esa gaviota que está volando en la playa frente a la casa!” En ese momento supe que aquella gaviota era la señal y que todo iba a estar bien. Un mes más tarde papi murió, pero murió bien.

El día en que fuimos a llevar sus cenizas al mar frente a la casa, la playa estaba repleta de gaviotas que gemían, cantaban, lloraban y seguían viviendo… como nosotros cuando nos acercamos al mar para dejar ir a Papi.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Días más tarde volví a ver las gaviotas sobrevolar el pedacito de mar dónde habíamos depositado sus cenizas. Y pensé que dejarlo ir y colocarlo en el mundo de nuestros corazones y buenos recuerdos, sería hacer como la leyenda del Ave Fénix que resucitó y alzó vuelo desde las cenizas. Ese día papi se convirtió en una de esas gaviotas.

Y hoy día, cada vez que veo una, sea en Vega Baja o en Puerto Viejo en Costa Rica, recuerdo la última lección que papi me dio antes de morir:  La vida es como el vuelo de una gaviota.

Eso me dice que tarde o temprano, todos alzaremos ese vuelo como parte de la vida. Su amor por la naturaleza nos enseñó a hacer esas conexiones.” (Relatos, recuerdos y legados, una producción de la Familia Suárez Toro publicada por Publicaciones Puertorriqueñas, 2012)

 

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