Guardianas de la memoria

                                                                                               María Suárez Toro, ESCRIBANA

 

Como si la pérdida de tantas vidas no hubiese sido suficiente, ahora, bajo los mismos escombros en Puerto Príncipe, los miles de pedazos de cemento desbaratado han pasado a convertirse además, en el destierro de una memoria. Una memoria que guarda una historia que todavía ni siquiera ha sido contada.

Son ahora las ´Memorias del fuego´ de las que hablaba Eduardo Galeano cuando narraba en su libro del  mismo nombre, que los conquistadores españoles, queriendo borrar la identidad y sabiduría maya, quemaron sus sagradas escrituras. Pero los ancianos se reían – dice Galeano –  porque no se puede borrar de la historia lo que esta grabado en el alma de los pueblos.

Con estas otras memorias no es así todavía. Nadie que aprecie las raíces que  están en la historia no contada todavía, puede reír ante esto. Son los archivos de la historia del movimiento de mujeres de Haití. Todavía no está grabada en los imaginarios del pueblo haitiano y nuestros pueblos latinoamericanos y del Caribe porque permaneces casi invisible ante el mundo.

Permanezco impávida. ¡Se pueden ver! Entre las lágrimas que se mezclan con el polvo que se resistes a dejarse ir con las últimas brisas de este inolvidable enero del 2010, los archivos han quedado atrapados en el segundo piso del local destruido por el sismo.

Registros plasmados en páginas borrosas por la inclemencia del pasar del tiempo. Fotografías descoloradas con el paso de los claroscuros de los recuerdos. Grabaciones en cintas a punto de agarrar moho, como a veces se enmohecen las palabras repetidas una y otra vez, sin encontrar eco. Y periódicos ordenados de acuerdo al calendario de los años que pasan desapercibidos.

Es la oficina en ruinas de la organización feminista de comunicación e información, ENFOFANM (por sus siglas en cróele). Casi no quedaron en pie escaleras ni puertas. Sin embargo, los archivos de madera se vislumbran intactos en la única parte del edifico que quedó con un pedazo de su techo y un pizco de suelo del segundo piso.

Mis ojos no dan crédito de aquello. Es como si en medio de tanta injusticia, encontráramos un pequeño acto justiciero de la naturaleza para con las mujeres. Su historia, siquiera conocida todavía por el pueblo haitiano, permanece allí, en un silencio sepulcral, pero lleno de vida, esperando a ser contada.

Luego de haber atravesado el laberinto caótico de la ciudad en ruinas, nada de esto me parecía ajeno. Sus  calles de espanto y escombros, me habían estremecido los sentidos. Sus mujeres, laboriosas vendedoras de los escasos alimentos que se conseguían en la capital, gracias a la siembra local de verduras y granos producidos localmente de la gente del campo, me confundían. Era un contraste muy grande con las noticias de la televisión mundial que presentaban una distribución de ayuda que yo no había visto en ninguna parte todavía.

Cientos de casetas de campaña, colocadas por la gente en las aceras frente a sus casas destruidas que guardaban sus últimos vestigios de propiedades que no tenían hacia adonde migrar.

Hospitales y clínicas improvisadas en cualquier predio donde se podía montar un servicio de emergencia, en un  país donde de repente, todo era emergencia.

Y campamentos hechos de sábanas y toldos viejos en cualquier parque, cancha, parqueo o espacio público que había en la ciudad. Como si de repente y sin aviso previo, un gobierno autoritario decretara que de la noche a la mañana, todos los espacios poblados se vaciaran y todos los que habían estados vacíos, se poblaran. El vértigo de la dislocación total era desbordante.

Quería llegar hasta allí, al local de ENFOMANM – a como hubiese lugar – para constatar lo que ya me habían contado unas feministas haitianas unos días antes en República Dominicana. “En Haití, con el terremoto, no solamente se han perdido vidas, también están enterradas nuestras raíces.”

No me había atrevido a preguntar a qué se refería, pero ahora, frente al panorama desolador de aquel edificio inerte que albergaba tanta historia sin contar, sobraban las palabras.

Aparecieron de inmediato las vecinas del lugar. Ellas eran la primera ´línea de la memoria del fuego´ de la historia de las mujeres. “No pueden entrar ahí –  nos dicen amable pero enfáticamente, como buenas haitianas – esto pertenece a una organización cuyas dirigentes no han podio llegar; unas murieron y otras están tratando de venir aquí”  nos dice una de ellas.

Al calor de una conversación traducida por una amiga, las guardianas comprenden que somos amigas de ENFOFANM y nos dejan acercarnos sin permitirnos entrar. Es como si supieran que al cuidar aquel lugar, resguardan algo de ellas mismas.

A los pocos días, la fundadora de la organización, junto con su equipo de trabajo, al escuchar que habíamos preguntado por ellas, nos llamó a nuestro campamento cerca de allí.

Nos contó sus estrategias ´galeánicas´ para rescatar su memoria del fuego. “Vamos a entrar en la noche, para que nadie nos vea trasgredir la normativa social establecida desde el terremoto, de que a los escombros no se entra.”

Nos explica que todavía sigue temblando y nadie quiere más muertes. Es cierto. Todos los días se oyen de alguna otra persona que murió entre los muros y paredes que quedaron en pie, pero que siguieron cayendo los días subsiguientes. Nos dice que ellas van a correr el riesgo porque no se puede renunciar a la historia.

Así, el equipo de ENFOFANM se convertía en la segunda línea de la memoria de fuego de las mujeres. Y lo hicieron. Noche tras noche entraron en la claroscuridad de la luna, durante cinco días seguidos.

Llegaron en taxi para que nadie sospechara a lo que veían. Subieron, desafiando los pedazos de escalera que permanecían erguidas. Sacaron todo lo que pudieron cargar en sus cansados y temerosos brazos.

Se llevaron los archivos en cajas de cartón y bolsas pláticas, antes de que empezaran las lluvias. Reabrieron un pequeño local y allí se instalaron con su historia empacada en cajas.

Poco a poco, entre actividades periodísticas para volver a editar su periódico mensual, Ayiti Fanm y las acciones cotidianas propias de sobrevivir los efectos del terremoto, las activistas fueron desempolvando las cajas y colocando los materiales en viejos archivadores. Habían recuperado el 70% de los archivos.

Más de una año después me invitaron junto con otras colegas de República Dominicana, Costa Rica, Estados Unidos y St. Lucia en el Caribe, a ver los materiales recuperados. Nos contagiaron de la necesidad de divulgarlos, convirtiéndonos en la tercera línea de la memoria del fuego de las mujeres.

Hay evidencia* de que las mujeres fueron protagonistas de la primera revolución exitosa de esclavas y esclavos en las Américas. Una noche de agosto de 1791, en el bosque de Bois Caiman en Cap Fracoise, bajo el liderazgo del sacerdote vudú africano, Boukman Dutty, la mambo (sacerdotisa vudú) Cecile Fatima(n) encabezó el ritual que declaró la guerra abierta de liberación contra la esclavitud y la colonización.

Se sabe que otras negras y mulatas que se destacaron en esa gesta libertaria de la esclavitud y la colonización francesa fueron Marie-Jeanne Lamartinière, quien peleó contra los colonizadores en la época la batalla deLa Crete Pieroten 1802. Marie-Claire Heureuse Félicité 1758-1858), pacifista y curandera de la revolución, influyó en su esposo, Dessalines, uno de los generales de la revuelta de esclavas y esclavos y a quien contradijo cuando él faltaba a los valores de la revolución.

 

Los archivos de ENFOFANM dan cuenta fotográficamente, de que más adelante en la historia, las mujeres se organizaron como mujeres. Un ejemplo fue la marcha de protesta de 30,000 mujeres del 3 de abril de 1986 en la ciudad de Puerto Príncipe. Esa gesta dio pie al surgimiento del movimiento actual feminista y de mujeres de la actualidad en Haití.

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Las investigaciones periodísticas de ENFOFANM  lograron desempolvar de la historia el aporte de mujeres que les antecedieron, aportando a la construcción política y social de sus movimientos. Una de ellas es la periodista feminista, Yvonne Hakim Rimpel, quien fundó con otras, La Ligue Feminine d’Action Sociale (Liga Femenina de Acción Social) en 1934. En 1958 fue arrestada por la dictadura Duvalier cuando desde su pluma de periodista cuestionó la legitimidad de su elección por el papel jugado en ella por el General Kébreau. Por ello fue sacada de su casa y torturada. Murió en 1986, un año antes del fin de la dictadura de los Duvalier.

Se sabe que durante las gestas de los movimientos sociales contra el segundo gobierno de Bertrand Aristide, el aporte de las organizaciones feministas y de mujeres fue ejemplar en la lucha contra los abusos a los derechos humanos, pero también por la inclusión de sus propios derechos, por ejemplo contra la violencia hacia las mujeres. Y no sólo se destacaron las feministas, sino mujeres en cargos públicos que trasgredieron su papel asignado.

Las organizaciones de derechos humanos reconocen entre muchas otras acciones de féminas, la acción decidida en 1996 de una mujer policía, Marie Christine Jeune. Ella retó públicamente una maniobra de Aristide cuando juntó a los mandos policiales con los grupos armados de delincuentes en Cité Soleil para que se dieran la mano en señal de paz, a lo que ella se rehusó, diciendo públicamente que les daría la mano cuando depusieran las armas. Fue sacada de su casa, torturada, violada y asesinada por ello, apareciendo su cuerpo mutilado un mes después de los hechos.

El 30% que ENFOFANM perdió en los escombros, lo están recuperando con creces en el periódico mensual que siguen publicando después del terremoto, donde aparecen, entre otras cosas, las biografías de las feministas que murieron durante el sismo; el homenaje a esas feministas, organizado por el movimiento de mujeres de Haití ese 8 de marzo – Día Internacional dela Mujer.

Divulgan  lo que hacen las mujeres en los campamentos de desplazados del terremoto para luchar contra la violencia; lo que hacen las radialistas comunitarias y las comunicadoras y periodistas para poner la agenda de las mujeres en la agenda de la ayuda humanitaria y  la reconstrucción del país.

Publican los testimonios de mujeres que fueron víctimas de violaciones a los derechos humanos durante la dictatura Duvalier hace 25 años y muchas otras sagas más que no son narradas en los grandes medios.

Y ahora usted, quien lee este testimonio, puede convertirse en la cuarta línea de la memoria del fuego de las mujeres haitianas, si le cuenta esto que ha leído, al menos a una otra persona y le pide a su vez que lo multiplique.

Y así, se siga contando la historia invisible, hasta que quede instalada en nuestros imaginarios para que ni conquistadores, ni terremotos, ni nadie, pueda hacerla desaparecer, como hasta ahora ha sucedido con la historia de las mujeres. (fin)

* Algunos de estos datos históricos aparecieron en el libro Estampas de la Ayití que se levanta de la autora de este trabajo, para Radio Internacional Feminista.

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